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Cirrosis

La cirrosis hepática se define como el tejido cicatrizante que se forma en el hígado debido a una lesión o enfermedad. Mientras que un hígado sano ayuda al cuerpo a combatir las infecciones, limpiar la sangre y almacenar energía, entre otras tareas, los hígados de las personas con cirrosis son incapaces de realizar estas tareas de forma óptima, lo que provoca una variedad de síntomas.

Con el tiempo, el tejido cicatrizante reemplaza al tejido sano del hígado, lo que impide que funcione como debería y eventualmente lleva a un declive en la función hepática o a una insuficiencia hepática.

El abuso del alcohol es un contribuyente significativo a la cirrosis. La hepatitis B o C también puede conducir a la cirrosis, sobre todo en pacientes que desarrollan hepatitis B or C crónica. La enfermedad de hígado graso no alcohólica, que también puede conducir a la cirrosis, afecta aproximadamente a una cuarta parte de la población y a cerca del 70% de las personas con diabetes.  

Liver Síntomas de la Cirrosis Hepática

Debido a que la cirrosis deja cicatrices en el hígado y afecta de forma negativa su función general, puede llevar a una amplia variedad de síntomas, que varían en gravedad. Los síntomas pueden incluir:

  • Hinchazón abdominal o de las piernas
  • Confusión o dificultad para pensar
  • Orina oscura
  • Cálculos biliares
  • Aumento del sangrado o de los moretones
  • Comezón intensa
  • Ictericia (coloración amarillenta de la piel o los ojos)

Las complicaciones de la cirrosis incluyen cálculos biliares, insuficiencia renal, insuficiencia hepática, hipertensión portal o presión sanguínea alta en la vena que entra al hígado y sensibilidad a los medicamentos.

Los síntomas y complicaciones empeorarán con el tiempo a medida que el hígado se vuelve más cicatrizante. Los primeros síntomas suelen ser más leves y pueden incluir fatiga, disminución del apetito, náuseas o vómitos y pérdida de peso inesperada.

Tratamiento De La Cirrosis Hepática

Si su médico cree que puede tener cirrosis hepática, le realizará un examen físico completo, además de los exámenes de sangre, las exploraciones por imágenes y una biopsia del hígado. La biopsia del hígado, en particular, le permite a su médico ver la extensión de la cicatrización en el tejido del hígado.

Si se le diagnostica cirrosis hepática, su médico tratará las causas de su cirrosis. Aunque la enfermedad no se puede curar, por lo general los síntomas se pueden controlar. Si el abuso del alcohol es un factor que contribuye y todavía bebe alcohol, se le aconsejará que deje de beber para disminuir el riesgo de daño adicional al hígado.

La enfermedad hepática alcohólica, la enfermedad de hígado graso no alcohólica y la hepatitis B o C crónica son todas causas potenciales de cirrosis hepática. Si esos son factores en su caso, su médico le prescribirá un tratamiento específico para eliminar o aliviar esas afecciones, lo cual también ayudará a limitar el daño a su hígado.

Dependiendo de las causas individuales de su cirrosis hepática, el tratamiento puede incluir cambios recomendados en el estilo de vida, medicamentos antivirales o procedimientos quirúrgicos. Los síntomas específicos, como la hipertensión portal, también se tratarán de forma individual.